Con sus cinco décadas de vida, la famosa Torre de Agua de L'Auberge, emerge majestuosa entre el inmenso pinar, y es mudo testigo de la evolución de un lugar tan clásico como tradicional, su Hotel y su Salón de Té, reconocido por un turismo de relevante nivel. Es bueno señalar que son Ignacio y Cristina Carrera los responsables de que el Hotel se convirtiera en la vedette del balneario.
Tanto las suites como el resto de las cálidas y señoriales habitaciones hacen de esta hermosa y singular construcción un elemento diferencial que mar ca la identidad del hotel y del barrio. El Salón de té, impecable hasta en los mismos detalles, las habitaciones decoradas al más riguroso estilo europeo, una Sala de Congresos equipada con los más sofisticados equipos, conforman, cada, uno en su momento, un todo que permite competir con establecimientos de renombre internacional.
Un poco de historia
En un material proporcionado a nuestro semanario por los directores del hotel se puede encontrar paso a paso la historia de L'Auberge. En 1947, en medio de pinos y médanos, se comienza a construir un salón de té, custodiado por una magnífica torre Estilo Tudor, de 45 metros, que luego se conocería con el nombre de L'Auberge. Tiempo después se construye el Hotel. Sus diez habitaciones, de clásico estilo inglés, le dan al lugar un aire de tranquilidad y sosiego. En 1967 se adquiere la propiedad del Hotel y el Salón de Té, no así la torre que se mantuvo como un ente totalmente separado del resto del edificio.
Continuando la filosofía de Margarita Jouvenau, aquella señora Belga primera propietaria de L'Auberge, se atiende en forma personalizada, elaborando muchas de las cosas ofrecidas en desayunos, así como las salsas y mermeladas que acompañan a los waffles a la hora del té. Es en 1974, que la familia Carrera, recién conformada, se hace cargo en forma personal de la empresa. Poco después los dos garages se transforman en tres habitaciones. La tan esperada adquisición de la Torre, se concreta en 1975. A partir de ahí muchas ideas pasaron por la cabeza de Ignacio Carrera.
"Un amigo, el Arq. Jorge Varela López, nos propuso estudiar la posibilidad de construir habitaciones dentro de la torre. Nos gustó la idea. Había que determinar si era o no viable que la cimentación existente admitiera una obra de tal envergadura, teniendo en cuenta el peso que significarían las planchadas, el ascensor y montacargas, etc. Se llevó a la conclusión de que la obra era factible.
Algunos detalles fueron mejorados por nosotros, conocedores del gusto y la necesidad de nuestros pasajeros y en aras de poder brindar un mejor servicio. La empresa Norte Construcciones tomó la responsabilidad de ejecutar la obra, tarea que concretó en un tiempo récord, 14 meses más tarde. Con una preciosíma terminación y respetando su estilo, tal como nos habíamos propuesto, la Torre quedó formada por 14 pisos, coronándola el bar mirador desde donde se accede a un paisaje sin par. Se construyó además un gran subsuelo, donde funcionan el lavadero industrial y la despensa, los tanques de OSE y el generador de energía"
Primer invierno del hotel abierto
Una etapa crítica superada merced al tesón y esfuerzo de todo un equipo humano en el que hay algunos de sus actuales de sus actuales integrantes, que trabajaron junto a Madame Jouvenau hace casi 30 años. Pero la siembra dió su fruto. "En 1981, encaramos la novedad del Hotel abierto todo el año, con un trabajo de promoción, más com pleta y profesional, realizando visitas personales a Argentina y Brasil. Aún así, los dos años siguientes fueron duros. Gente experimentada nos decía que no nos arriesgáramos. Debo reconocer - dice Ignacio- que en algún momento pensé en claudicar, por lo menos temporalmente pero no lo hicimos.
Modificamos las estructuras para obtener costos más bajos. Hoy podemos decir que estamos muy satisfechos con el crecimiento logrado y el apoyo recibido.
Servicios
El salón de té, con sus exquisitos waffles de fama mundial, sigue funcionando al estilo de Margarita Jouvenau. Se cuenta con un servicio gastronómico personalizado, lo que permite al huésped disponer de la hora para desayunar, almorzar o eventualmente cenar y escoger el lugar para hacerlo, la habitación, el salón, el jardín. En cualquier sitio se puede ser testigo incidental de una conversación fluida mantenida en inglés, alemán, francés, portugués e inclusive japonés.
La decoración mantiene su estilo europeo. Año a año, el cliente, proveniente de todas partes del planeta, encuentra algo nuevo, quizás un pequeño detalle, tal vez una variante importante, pero todo pensado para brindar un mejor servicio. La sala de congresos, construida en 1986, a partir de la Conferencia del GATT esta adecuada a las necesidades de quienes la utilizan, y apoyadas con equipos de fax, telex, fotocopiadora, proyectores, traducción, pantallas y los servicios del bar, todo lo que la hace obtener las mejores calificaciones en la materia.
Cabe señalar que fue inaugurada por la Comunidad Económica Europea, quien expresó por carta su satisfacción por los servicios recibidos. Conocer el pensamiento de Ignacio Carrera es saber la forma en que serán atendidos en el L'Auberge. "Tratamos de superarnos siempre, para estar en los detalles, porque creo que es en los detalles donde un hotel puede diferenciarse. Somos entusiastas convencidos de que el concepto internacional en la hotelería de hoy, es cultivar El Arte del Bien Recibir".


Turismo
Realidad Semanal
04/03/2002




