Como cada año en vísperas del inicio de la temporada invernal, una sensación muy especial se adueña del espíritu de la ciudad de Bariloche y sus habitantes. Se combina la expectativa con el anticipo de la ardua actividad y todo se dispone para vivir las intensas jornadas de los próximos 45 o 60 días "críticos" que conforman el período central del invierno turístico.
Debería recordarse, sin embargo, que Bariloche no comenzó siendo un destino de invierno. Muy por el contrario, y mucho antes de que existiera siquiera una idea de iniciar actividades deportivas sobre la nieve, este hermoso rincón de montaña fue concebido como un escenario ideal para el verano. Y de hecho, lo es.
Años más tarde, sobre la década del '40, el comienzo del esquí comenzó a crear otra imagen que permitió, con el paso de los años, posicionar a San Carlos de Bariloche y especialmente al Cerro Catedral como el centro invernal que actualmente es considerado el más desarrollado y moderno de toda Latinoamérica.
Este atractivo ejerce enorme poder sobre los mercados emisores, pero de ningún modo debe limitarse la visión de la oferta turística de Bariloche al esquí o a los deportes invernales, ya que el destino ofrece infinidad de alternativas. Esta característica de diversidad lo diferencia, precisamente, de otros centros de esquí.
El esquí y la nieve
Es cierto que mucha gente llega a Bariloche en invierno para esquiar, pero también lo es que mucha más aún lo hace atraída sencillamente por la posibilidad de ver y disfrutar una nevada, o jugar en un medio que a menudo les resulta totalmente desconocido. Se trata de atractivos complementarios, pero distintos.
La gente que vive en lugares más cálidos - los brasileños en particular - disfrutan con gran placer de la nieve: de su contacto; de la experiencia (verdaderamente hermosa) de presenciar su caída, y sentir la dimensión especial de los sonidos en un ámbito acolchado por el blanco manto en el que los sonidos se amortiguan, y a lo que suele llamarse "el sonido del silencio"; creando un clima que pasa más por la sensibilidad interna, que por el frío contacto del elemento.
Esta diversidad otorga otra ventaja comparativa: a diferencia de otros destinos de esquí, que al no contar con nieve suficiente para funcionar, deben cerrar, lisa y llanamente sus puertas al turismo, Bariloche tiene decenas de atractivos de primer orden para ofrecer en sus temporadas invernales, más allá de que caigan o no fuertes nevadas.
Pero si se trata de gozar la nieve, ¡a no dudarlo!, San Carlos de Bariloche tiene el título de "Cumbre de la Patagonia" por varias razones, y merecidamente.
Manejar medios de elevación que permiten ascender a más de 5.000 personas por hora a su cerro Catedral, y el respaldo de una hotelería que se ubica entre las más completas del país (tercera posición cuanti-cualitativa en Argentina), con muchas plazas ubicadas en la misma base del cerro, y una serie de servicios de alta calidad no igualados por otros destinos (un aeropuerto que es el mayor y más moderno de la Patagonia, gastronomía, comunicaciones, seguridad, caminos, telecomunicaciones, etc.) otorgan a este singular destino los complementos necesarios a su inigualable belleza natural, para asegurar el absoluto liderazgo que hasta hoy ha mantenido.
foto de nota: www.patagonia.com.ar


Turismo
Emprotur
09/07/2001




