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Pirandello decía que mientras el hombre vive, no se ve
a sí mismo. Pero inexorablemente llega el momento del espejo,
y no siempre le sirve lo que ve reflejado en él. Acosta en
cambio se enfrentó al Teatro hace unos años, y supo hacerlo
su buen espejo, milagro que le permitió trascender, y dar
un sentido profundo a su vida.
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Teatro puro en Maldonado
(página 2)
En el punto que siente como le llegó la hora de conocerse, porque la
realidad no le permite postergar más su asunto vital.
Aquí, las oleadas interiores aparecen en escena en sucesión fantástica.
Los innumerables gestos y tonos de voz de Rodolfo, vibrantes cuando
reproducen los torrentes impulsivos, a la hora de hacer preguntas sin
respuesta fácil, se van paulatinamente haciendo murmullos.
En el momento que la evocación parece aplacar su angustia, y quiere
transformarse en la calma buscada. Para facilitar su despedida.
Pirandello decía que mientras el hombre vive, no se ve a sí mismo. Pero
inexorablemente llega el momento del espejo, y no siempre le sirve lo
que ve reflejado en él. Acosta en cambio se enfrentó al Teatro hace
unos años, y supo hacerlo su buen espejo, milagro que le permitió
trascender, y dar un sentido profundo a su vida.
Bien merecidos tiene todos los premios que obtuvo hasta ahora en su
ascendente carrera, dentro y fuera de Uruguay.
Nosotros, la gente de Maldonado, tenemos la misión de sostener este
milagro, con nuestra presencia fiel en el Teatro, para que nunca se
apaguen nuestras voces valiosas. Y seguir formando parte indispensable
de ese espejo. Que es lo más destacado de nuestro patrimonio cultural.
Ernesto Laiño, merece una destacada nota aparte. Gran director uruguayo,
docente y actor, de enorme trayectoria, cuyo único defecto es su
inclaudicable humildad. Es el gran responsable de este insoslayable
espectáculo.
Acompaña el sensible actor Ariel Mosteiro, en la parte de menos lucimiento
en la obra, la del hombre espejo del protagonista. Pero lo hace con
solvencia y gran amor por la escena.
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